lunes, 14 de diciembre de 2009

espera

Te espero,
amorfa golondrina de hojalata,
frenético crujir de huesos oxidados,
como eras en el último reducto de la tarde,
esa tarde del remoto otoño.
te espero,
mujer de piel de ángel en brama,
fantasma del asfalto,
cuando llegues encendiendo faros y sirenas
y el aroma de cigarros
irrumpa en la quietud del cielo;
cuando el pálido excremento de las horas
no quepa más en tu cordura,
y no te sirva el silencio que, aún intacto,
se vuelve ave transmutada entre los diarios.
te espero,
agónica y resucitada
con el ansia de una flor de luna
y el sueño vagabundo entre las manos,
arañando las ventanas,
empapando de sudor la almohada.
sé que entonces
volverás con alas afiladas,
con un parche de pirata en tus dos ojos,
y partirás por su mitad la madre
de este corazón resucitado,
que limpiarás con mano absurda
las gotas de un suicidio arrepentido,
sin bote de basura adónde huirse.
es por eso que te espero,
─no lo sé, pero aún espero…─:
esquizofrénica o demente,
sin la cara torpe de los arrepentidos,
sin traer a cuestas los pretextos...,
sola con el ansia por llegar,
dejándote arrastrar
por el aroma tibio de carne abierta
y un viento de palabras asoleadas.
sólo entonces volverás,
amorfa golondrina de hojalata,
aclamada por un coro de gusanos
putrefactos,
y yo, cadáver en recuerdo,
dulce sueño de noches tumefactas,
devolveré a tu cuerpo los excesos
que aún nos atan.

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