jueves, 28 de enero de 2010

ángeles de barro (II)

Primera voz:


—Yo lo vi primero: creía vivir, vivía el pasado,
dejaba transcurrir hosco el presente
sin mirar si un bosquejo de esta vida
brindaba cobijo al disidente;
si el dolor de funestos contratiempos
en el pecho llevaba acurrucado.
Mas blanca y transparente era la duda,
el creer consciente de su mente loca.
¡Demente, perversa… y compasiva!


Segunda voz:

—Yo lo vi primero: mi voz alimentó su sueño,
fui canto de sirenas desdichadas,
convulso despertar que un día
con silencios su mundo consternó
-¡ese mundo de oquedad que él era!-;
fue mi voz quien consignó el abismo
quien con vaho de lobos solitarios
su mente obnubilada guió segura,
no obstante su creer que no había nada.


Tercera voz:

—Yo lo vi primero: deseaba comprender
-no sé si vano impulso fuera-:
al ver su cuerpo despojado y solo
revuelto entre las sombras y el insomnio.
En pálida demencia asió la noche
posada a su lado displicente
cual bruma que la piel refuta,
no obstante esa firmeza compulsiva
de creer que al frente aún no había nada.

sábado, 23 de enero de 2010

ángeles de barro (I)

para maría ángeles sánchez padilla

¿Quién, si yo gritara, me oiría entre las jerarquías
de los ángeles? Y aun suponiendo que, de pronto,
uno de ellos me apretara contra su corazón, yo sucumbiría
ante la existencia más fuerte. Pues apenas la belleza no es sino
el comienzo de lo terrible; apenas la soportamos
y si la admiramos es porque desdeñosamente no se preocupa
por destruirnos. Todo ángel es terrible.

Rainer María Rilke, Elegía Primera.

Tuyos eran los ángeles de barro
que en mi calma nocturna había logrado
hacer a tu imagen, ¡fantasma soñadora!
Y elevéme cual un triste fantasma
con mirada y alas de silencio
en tu espacio de musa protectora.
Porque fui de barro y tú mis alas.

josé manuel ortiz soto, pálidas sombras.

Una vez -sólo una-
cuando una extraña voz tocó mi sueño
e hizo que mi cuerpo estremeciese,
abrí los ojos y miré el abismo:
terrible oscuridad caló mi vista.
Mi vista se encontró palpando el sueño,
el sueño al contemplar la Nada,
la nada de que el mundo estaba hecho,
mas ante mí ya no había nada.

Una honda desazón cimbró mi pecho,
la calma se perdió en la noche
-porque noche ahí era todo-.
“¡Todo era la noche y nada más”,
clama hoy mi mente.
El humo de cigarros saturó el ambiente
y en viva pesadilla me incliné al abismo
ante todo lo que el tiempo había negado,
mas ante mí ya no había nada.

No pude más que comprender mi engaño:
pues la Muerte de quien yo me había ocultado
a mi lado se hallaba ahorita mismo.
¡Oh, la Muerte! ¡Yo mismo en mí la Muerte!
¡Ser yo mismo allí la Muerte!...
Consciente que poco era mi tiempo,
que el siniestro final cerquita estaba,
arranqué mi alma y la arrojé al abismo:
a ese abismo que ante mí ya no había nada.

Fui cayendo sin saber a dónde,
a dónde el presente me arrastraba
dejando muy lejos el pasado;
pasado, añoranzas ... no alcanzaban
mis gritos terribles ni los rezos
pues desnudas mis súplicas quedaban
llenando de estelas y fragmentos crudos
mi sexo, mi cuerpo, todo espacio
de rara incongruencia ante mis ojos.



martes, 19 de enero de 2010

pasos

I
¿adónde iremos aquellos
los agnósticos
cuando no haya un trozo
de Dios ni su misterio?

¿cuando venga por la calle
un  pastor por su rebaño
y nos muerdan perros
rabiosos los chamorros?

¿adónde iremos los hipócritas
enfermos desahuciados
cuando falten las vacunas
y se inventen nuevos virus?

quizás demos la vuelta
en la madeja de los pasos desandados
para gritar cuán necios fuimos
hombres parcos, bestias.

jueves, 14 de enero de 2010

¿qué son entonces las palabras?

¿Qué son entonces las palabras?
me pregunto, te pregunto
antes que la muerte reclame
como suyo este silencio
y el fragor altivo de su grito
entre quejas y ofensivas
nos ancle en las entrañas.

¿Importa si no somos el retoño
de las penas contenidas
si entre humor de lluvias y cristales
-voz de viento que tirita-
en dos actos cegamos la palabra?

Porque en esta aciaga espera
convención de gestos y murmullos
oculta tras cortinas desgarradas
la luz se desmorona

domingo, 10 de enero de 2010

llamaré a la tierra con mi voz de sombra

Llamaré a la tierra con mi voz de sombra
para que sea a la distancia el crucigrama
a donde crucen los caminos, las veredas
las calles que aún sin nombre asoman
por la tímida rendija de la noche abierta

llamaré, y seré yo con mi voz casi desnuda
ángel que agotado de la sangre hoy clama
el seno vegetal que en estampida
de polvo y de silencios, de horas acotadas
sobre el vértice del día, encallan

¿a quién dirás entonces con tu nombre
que en el límite de la demencia el tiempo
es de todas las sombras conjuradas
la única oración que a nadie estorba?

viernes, 8 de enero de 2010

espejo


a mi hermana berenice:
el tiempo no pasa,
se acumula;
todos vamos cambiando
a sus espaldas

tiemblas
miras tu cuerpo desnudo
reflejado en el espejo

y el viento que corre
por las calles
salpica tus entrañas

y de su agua verde emerges
con la piel templada
extraña y solitaria

tiemblas
miras tu cuerpo desnudo
luna nueva en el espejo

marzo 1984

domingo, 3 de enero de 2010

una puta oreja para vincent

Una puta oreja para vincent
tal vez no sea un descaro
una puta oreja de piedra
cual óleo enfebrecido
para ahondar en la locura
y curarlo de la calma
que no siente

una puta oreja de muerto
anónimo trasplante
que viva del sarcasmo
y crezca en la desidia
que beba sin la sed
del joven desmadrado
en la parranda
de una noche que fue eterna

sólo una puta oreja
que tyson ya no muerda
que libre del trapo
que estrangula su cabeza
lleve en paz
la cruz de una sonrisa

viernes, 1 de enero de 2010

rencores

¿Quién guarda más rencores
el silencio que se niega
y ofrece a cuenta gotas
o el lívido puñal que clava
su maldad entre los hombros
la mirada ciega que derrama
herrumbre
o el aliento ponzoñoso
que la ira suelta entre palabras
desgajadas?

¿El hijo que reniega
veinte años de la madre
pero el tiempo hace convexo
o el último bastardo que la suerte
enquista en halos de misterio?

...ah, rencores encontrados
coordenadas que en la piel
son manchas o lunares
reseñas que el recuerdo ya no encuentra
pues echadas al olvido
quizás en el portal del alma
aún sean asombro