sábado, 28 de agosto de 2010

primer soneto de la ausencia

Que no baste un impulso disidente
para hacer de lo andado todo ingrato
si el amor que tuvimos fue un día grato
¿por qué entonces segar hoy su simiente?

Que no acaben los sueños que el demente
dolor tan cruel arroba con maltrato
que lo mismo lastima en su arrebato
que un recuerdo que pudre nuestra mente.

Será el tiempo al final nuestra palabra
―como suyo también es el silencio
y la mano sin llave que no lo abra―.

Por eso es que no abrogo ni sentencio
tu recuerdo que a ratos es quien habla
que de amor se merece más que aprecio.

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