sábado, 9 de octubre de 2010

salomé


Son mis manos, Salomé, las que debieran estar en tu bandeja;
sólo ellas,
no otra parte inocente de mi cuerpo.
Toma mis manos,
sean la ofrenda que te ofrezco
como trozo verdadero de la vida que aún me queda;
que el alud de tu tormento enfebrecido
no dé queja.
Son mis manos, Salomé,
la parte central de mis historias,
son ellas las que escriben con silencio de letras invisibles,
las huellas que se sienten y te queman,
los gusanos ponzoñosos que arrastran por tu piel abierta
un vendaval de sueños pesadillas.
Son mis manos, Salomé, las putas, las ansiosas,
las traidoras, las que saltan al trapecio de otros cuerpos…
devuelve a su sitio la cabeza que tomaste,
que yo entrego a tu locura mis apéndices carnales
para que hagan de tus noches
la paz y tus delirios.

De: Apuntes de música, ópera.
Imagen, raqueladh: manos.

2 comentarios:

Adivín Serafín dijo...

Salome,
deja que sus manos
se quejen en tu cuerpo,
silencioso remanso
jamás herido
de su amor.

Blogsaludos

josé manuel ortiz soto dijo...

Adivín, excelente complemento.

Un gran saludo.