domingo, 17 de octubre de 2010

sin título


en nuestra inquieta vocación de sombras
no acordamos condenarnos,
aceptamos el silencio como manto
y las horas requisadas como templo;
nos llamamos por el nombre que deseamos
en el íntimo alfabeto de los cuerpos.

en nuestra inquieta vocación de sombras
no hubo entre nosotros un consenso,
sólo aire que estremece y entreteje
la trama del amor un tanto absurda,
el espacio que las tardes ordenaban
febriles de ausencias y despojos.

en nuestra inquieta vocación de sombras
hicimos de nosotros una sombra.

Imagen tomada de la red: Paseo de los tristes.

3 comentarios:

Adivín Serafín dijo...

Cuando tu sombra se acerca por el sendero, mi silencio se esconde perplejo. Cuando tu sombra se aleja despavorida, mi voz sale a la ventana y la llama. Cuando tu sombra me mira, cierro los ojos y me adormezco Triste soledad de vida.

Blogsaludos

ROSIO dijo...

Poema que deja un estela de melancolía, creo que es para mis favoritas.
Afectuoso abrazo-buen amigo.

josé manuel ortiz soto dijo...

Adivín: Sombras al fin y al cabo.
Un abrazo.

Rosio, gracias amiga. Tengo en ti a mi mejor promotora.

Un abrazo y un beso.