viernes, 23 de diciembre de 2011

estudio


Leche tibia tu piel
lienzo donde escribo el nombre
que te nombra

Crecen las palabras
y hordas de deseo se levantan

Mares donde nace otra tormenta
Espejo de sueños que despiertan

Leche tibia tu piel
hambre en mis labios

domingo, 27 de noviembre de 2011

desnudo de la sombra


desnudo de la sombra
                                   el eco
voz inconmutable


páginas de viento
cazador que acecha


¿quiénes somos?
¿por qué fuimos convocados?


ciegos de las manos
cojos de silencio
somos estampida


detenido el ímpetu
de brioso adolescente
                                  comenzamos

sábado, 5 de noviembre de 2011

sin título


Eternos los sueños de palabras
donde no hay despojos.
La vida crece al borde del camino.

 
Imagen tomada de la red.

domingo, 23 de octubre de 2011

tres haiku


1


Si canta el mar
su canto es de sirena
Luna enloquece

2

Amanecer
un manantial de aves
despierta el día

3

Guiño de sol
mojado entre la lluvia
sonríe el arcoíris

Image de Silvia Massimino: Mar y espuma.

viernes, 7 de octubre de 2011

ofrenda*


Soy en mis palabras
el que anda a tientas
gesto ausente
del que nada tiene
abrazo a la distancia

porque nunca vi forma
de nacer
me ofrezco entero
carne besos alma
sombra aire tiempo
flores

recobra de mí
cada pedazo


*Una variación de "formas".
Imagen tomada de la red.

lunes, 26 de septiembre de 2011

musa que posa para un poeta


Comunión de gritos
y humedad de cuerpos
el vacío de la tarde

---O---

Son tus labios
palabras y silencios
oración que nunca acaba

---O---

Perdido en la marea
de tu cuerpo
me detengo

Imagen de Ernest Descals: Desnudo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

falsos vencedores


falsos vencedores
proclamamos
héroes

arden tibios
los despojos

a la hidra infame crece
de nuevo otra cabeza

imagen tomada de la red.

lunes, 29 de agosto de 2011

formas


Nunca vi la forma de hacerme a otro amor como contigo
darme tiempo para recoger de mí cada pedazo
enhebrar con el resuello de otras manos en silencio
carne besos alma sombra aire tiempo flores

Nunca vi la forma de nacer: me ofrezco entero

Imagen tomada de la red.

viernes, 12 de agosto de 2011

a patricia nasello*


Esta poesía tan nuestra, tan terriblemente abandonada, a veces piedra que cansada de rodar se aferra al monte o se clava en las costillas de la tierra como puñal que sangra de inocencia, o perdida en su frágil disidencia cae cuesta arriba, en canto de pájaro desnudo, salmón que busca el vuelo; pero casi siempre piedra en el zapato de todo corazón que calla o canta, que con ojos de otra luz cegados mira adentro, hacia el río subconsciente adonde fluyen líquidas, ligeras, piedras, aire, hojas, calamares, balas, almas, muertes… esta poesía tan nuestra a la que a veces nos negamos.

*Amiga lectora incansable, con todo el afecto que sólo pueden dar las letras.
Imagen tomada de la red.

miércoles, 27 de julio de 2011

seguiré tus pasos por todos los caminos


Seguiré tus pasos por caminos
donde hay trozos
de vida con tu nombre

para no perderme en el regreso
para oír el grito en que te guardas

domingo, 17 de julio de 2011

tres coemas apocalípticos


i
Sólo un poco de luz:
asoma el día
entre páginas rotas;
holocausto:
ha muerto la mañana.

ii
Es tu nombre de tinta
frágil esperanza,
paloma que de paz
aguarda
muerta de silencio
en el invierno.

iii
Se aproxima:
sombra
pasos
que no son de nadie
andar
de viento.

Imagen tomada de la red.

miércoles, 6 de julio de 2011

cierro los ojos


Cierro los ojos
el vacío es puerta que abro
manto de ángeles desnudos
detrás de los cristales

mis manos se aventuran en trazos de infinitos imperfectos
fúnebre oración que ya a nada nos conduce

hoy quiero estar aquí, ajeno
perdido en esta ausencia que no es mía ni de nadie
perdido en este mar de caracolas fósiles que gritan sus verdades

abro los ojos: nada es real
mas pudimos otro día haber nacido

Imagen de F. Navarro.

martes, 21 de junio de 2011

ah esas cosas de la melancolía


ah esas cosas de melancolía
cuando toman tu mano no la sueltan
y te llevan por el viento con sus alas
y te dicen cosas tristes al oído;

esas cosas de melancolía
que un día tienen nuestro cuerpo
y lo desnudan
y rehacen de cada pensamiento
un manojo de nervios oxidados
un gesto de mirada incierta
o una voz de graves oquedades.

si quedamos ausentes de nosotros
si perdimos la sombra alguna tarde
si la noche nos moja las rodillas
si la sangre se estanca entre los labios
si temblamos de frío en el verano
si llenamos las manos de fantasmas...
desde el fondo de un paso
o del espejo
nos acecha febril melancolía.

¿cómo hacer para echarla de la vida?
¿cómo hacer para ahogarla en su silencio?
¿cómo hacer para abrir la noche
y arrojarla al vacío infame de otra puerta?
¡si es mañosa la bestia y no hay quién gane!

Imagen: Lola Carretero Vaquer: Melancolía

lunes, 6 de junio de 2011

xii y xiii


xii
dios,
hosco
señor,

retortijón
de todos
los sentidos

“por los siglos
de los siglos”
desahuciado

xiii
breve es la distancia
ante tus ojos

la hora que anida
en el reloj

risa
que germina
de tus labios

como breve
el azul
de tu misterio

Imagen tomada de la red.

martes, 24 de mayo de 2011

es con el silencio de mi grito que te nombro


Es con el silencio de mi grito que te nombro;
y eres tú en las pardas desbandadas
cuando el día con su peso a plomo nos alcanza
en este breve espacio de reloj de arena.

Es con mi grito, refugio de palabras contenidas,
que a veces vamos por todos los caminos,
entes pordioseros, ángeles de calles parcas
que aún sin un camino, van llegando.

Es el grito de la arena ese otro canto,
aquel que aún sin nombre nos encuentra
y en medio de las noches nos despierta;

Es el grito, silencio de palabras claras,
nuestra clara intención de contenernos,
en este primer juego entre bosquejos.

marzo, 2010.

Imagen tomada de la red

sábado, 14 de mayo de 2011

i-xi


i
líquida es la luz
y el día angosto
si una lluvia tersa
se derrama
entre la piel
y el abismo
y quedas tú
en sus litorales

ii
corre
sin la prisa
sin el deseo
de ser sombra
húmeda etiqueta
de la piedra
sólo un viento
frío y claro

iii
cierras tu ojo
el pardo
el extraviado
el tembloroso
el bastardo
el engañado
el ausente
el tuerto
el ciego
el que nunca
mira porque sabe
que la vida es otro sueño

iv
¡calla!
―hijo de puta―
que el silencio
es un río
de frágiles ausencias
y a solas
se desborda

v
rojo demente
el voraz principio
de tu vértice
cuando se prende

vi
eclipse agazapado
la mañana
la noche
el día
el sin tiempo
de todos los relojes

vii
¿vuelves?
―no pregunto
y siento
que la espuma
se derrama
un líquido
temblor
que gime
entre mis manos

viii
¿vuelves?
hoja frágil
hojarasca
desnuda
cama
vertical
para el sueño
de mi cuerpo

ix
sobria
era la luna
en el cristal
reflejo
contenido
de mareas
y de lobos

x
loco
el sol
―lo sé―
pero calienta
mis páginas
friolentas

xi
tibia era la luz
de su mirada
grave el mar
de su silencio

Imagen de Alejandro Gamero.

martes, 3 de mayo de 2011

Toni y Gaby


Hoy desperté con la noticia del fallecimiento de mi prima Toni y de su esposo Gaby. Es un golpe muy fuerte; un doble golpe. Toni era mi prima hermana, vivíamos cerca, y al ser de mi misma edad, compartimos muchos momento, juegos y peleas de niños. La imagen más lejana que tengo de ella es la de una niñita alzando a un gatote negro; tendríamos tres o cuatro años; a lo mejor fue una foto. Cuando terminó su carrera, fue mi dentista; era muy buena en su trabajo y sus pacientes la querían. Gaby y yo fuimos juntos a la escuela primaria Niños Héroes de México: estuvimos en el mismo grupo durante cuatro años; después de clases nos veíamos poco, porque ayudaba a su papá en la granja; alguna vez nos liábamos a golpes, pero al rato volvíamos a ser los mismos amigos de siempre; como veterinario lo consulté sobre cuestiones de mi perro.

Cuando Toni y Gaby comenzaron de novios fui cómplice de su relación; eran tiempos en el pueblo en que los papás no consentían tan fácilmente que sus hijos adolescentes “noviaran”. Pero como Gaby era trabajador y buen chico, mis tíos pronto lo aceptaron. Pasó el tiempo y nos volvimos adultos; ellos se casaron, tuvieron dos hijas, y nos veíamos ocasionalmente, pero siempre con el cariño y afecto de los viejos tiempos compartidos. La última vez que los vi fue en enero de este año, en el funeral de mi tío José. Con Toni platiqué poco, ya que estaba convaleciente; con Gaby charlé un poco más, pues nos permitió a Fabián y a mí guardar el coche en su casa. Nos invitó a quedarnos otro rato con su familia y mis primos García, que estaban ahí, pero el ánimo del momento no era tan bueno y nos retiramos. Al día siguiente mi tía Rosa Elba convertida en agente de ventas, me pidió que les dedicara mi libro Ángeles de barro. Así lo hice. Antes de volver a la Ciudad de México me despedí de Gaby como siempre: con un abrazo y con la promesa de vernos pronto. Pero ya no fue posible: me acaban de avisar que en la madrugada tuvieron un accidente automovilístico y fallecieron; habían salido a visitar  a un animal enfermo y los chocaron. Así de extraño es el destino. Va un abrazo de apoyo para mis sobrinas y mis mejores recuerdos para mis primos Toni y Gaby, buenos profesionistas, buenos hijos y mejores padres; para sus familias, resignación.

lunes, 25 de abril de 2011

brevedad


Poco es el tiempo que guardo en el reloj
y es tuyo,
te lo ofrezco,
es mi regalo,
porque sé que un día, igual que Dios,
multiplicarás panes y peces.

Imagen de Eugenio Fernández Corral: Multiplicación de los panes.

martes, 19 de abril de 2011

nacimiento


Aquí dejo mi cuerpo
joven es ¡mas pesa tanto
cuando es aire!
cuando el grito de una hoja
pende como plomo en la cintura
y la luz no teje sombras

toma mi mano
la de líquida estructura
aquella que una vez fue forma exacta
y ahora busca nuevo trazo

Imagen tomada de la red

lunes, 11 de abril de 2011

dos apuntes sin título


I
No hay peor dolor que perderse en trozos
como árboles calados por el tiempo.
Porque una mañana te levantas con tus mismos pasos, con tus mismos gestos,
con tus mismos ojos y tu misma risa,
mas al borde de la noche
no te encuentras.

No hay peor dolor que no ser nadie
y no saberlo.

II
Despertaste del sueño, sí,
pero tu tiempo no era el mismo:
el péndulo inmóvil del reloj quedó trabado
en otros años;

ingrata es la memoria,
pero al fin se desmorona.

jueves, 31 de marzo de 2011

apostasía


Son palabras las que vueltas aire nos arrastran a su cielo de corazones desnudos; aquellas que un día mansas anidaron en los ojos y en el pelo, en la voz de los silencios, en las aves taciturnas de la noche, donde vivir sólo era condición no eterna; palabras sin idioma, que lo mismo vagabundos, ángeles apóstatas, tiranos, niños cansados de crecer, animales de vanas esperanzas… entendían. Porque entonces ―como ahora― daba lo mismo dormir en un rincón de un viejo portal que debajo de un puente, adonde el río no se engaña. Por eso, mientras el ruido del agua al chocar contra las piedras se convierte en pesadilla, me convenzo de que el sueño es el ejercicio indispensable para asimilar la muerte.
Imagen tomada de la red.

domingo, 20 de marzo de 2011

xiv


xiv


breves
somos
a esta hora
cuando nadie
aguarda

cuando
el tiempo
es agua

hoja, polvo
lámina de luz
que brama
animal
entre los dedos

principio
de Dios

o camino
cenagoso

viernes, 11 de marzo de 2011

musa enferma


Que se ha enfermado la musa, me comentan;
que sus ojos, de profundas alegrías,
son dos rayas de horizontes confundidos.

Que se ha enfermado la musa
y le duele el tiempo como nunca,
el frágil elemento que hace de su vuelo un canto
con agudos arañazos la acaricia;
y le tiemblan gotas de silencios afligidos
en  la sonrisa;
sombras de palabras crecen marginales en su vientre;
alas de misterios imposibles le derraman llantos secos
de antiguas alegrías.

Y yo aguardo, triste poeta de su audiencia,
a que la musa se despierte
y vuelva sobre el mar sereno de la calma ansiada,
que me salte encima como el viento que vuelto hembra
toma del amor todo su mejor tiempo.
Que me exija las palabras que su nombre inventa
y haga de mi piel caro inventario.

Imagen tomada de la red.

miércoles, 2 de marzo de 2011

sin título

En recuerdo de tío Gerardo, a un mes.
Muerte,
muerte que cansada de morir
a ratos se hace vida
grito que quizás nadie responde
y hurga
y nada encuentra
que llama tantas veces como la terca voz
que en hilos ya no escurre
en el fatuo laberinto
de otras manos
y no hace más que renombrar
su parca desnudez de sombra

Muerte,
álgida oración que se desgaja
y vuelta polvo
amarga si la nombras

domingo, 20 de febrero de 2011

plegaria



Te damos gracias, Señor, por nuestros alimentos, por hallarnos hoy reunidos en esta mesa, por permitirnos saber que a pesar de todas nuestras diferencias, tuvimos el juicio suficiente para no agarrarnos a golpes, para no exigir a gritos una herencia que no existe; por no maldecir ni renegar de los momentos a solas, cuando el fantasma de la soledad ahogaba como una cuerda alrededor de nuestro cuello aún blando; porque cerramos los ojos a las quejas de todas nuestras tripas… Te damos gracias, Señor, por permitirnos venir a esta mesa vacía.

Imagen de Cosme Luna: La mesa.

lunes, 7 de febrero de 2011

a circe


me advertiste del canto de las sirenas, ese que taladra los oídos de los férreos marineros y los lleva a la locura; que atado al mástil fírmemente, su canto no podría perderme; pero olvidaste decir, ¡oh, hechicera!, que era tu voz y tus brazos los que me sujetaban.

Imagen de J. W. Watherhaouse: Circe ofreciendo la copa a Odiseo.

jueves, 27 de enero de 2011

en memoria del doctor josé c. soto. c.


así, a la distancia, desde este mi refugio
apartado de hospitales, me acerco
y te saludo con el ánimo de siempre;
tú sabes que no soy de despedidas
a orillas de una cama.

charlemos, pues, en calma,
seré el escucha que gustaba
de ver en tus recuerdos
y tomaba para sí algunos ejemplos
(como aquellos mis primeros pasos de karate
donde el miedo se hizo flaco,
el sabor dulzón del moscatel u oporto,
o el olor de un libro del joven  vargas llosa...)

podría conversar contigo días, meses, años...
porque no tengo palabras para decirte adiós
y no quiero doblegarme a la tristeza
-como tú no habrías querido que pasara-;
no reniego de la muerte ni maldigo
y con gusto acepto haber leído aquella carta
por mi libro, que no enviaste, mas deseabas;

anda tío, dame un abrazo,
como el último de los primeros de diciembre, 
y llévate algo del amor de padre que me diste;
que los dos sabemos que la vida es una
y la vivimos, cada quien a su manera,
y si antes nos unió la sangre y el cariño,
hoy nos liga un veintisiete de enero compartido.

viernes, 14 de enero de 2011

semblanza: Dr. José C. Soto C.


Hoy no quiero escribir un poema o un cuento, sino hacer la semblanza de una persona a la quiero mucho y de quien heredé el gusto por la medicina y la pasión por las artes. Me refiero al Dr. José C. Soto C.: tío, padre, padrino, maestro, hombre inteligente y gran amigo. A él dediqué Ángeles de barro, libro que mi hija Ireri le entregó hace poco menos de quince días (me habría gustado hacerlo personalmente, ¡pero de él aprendí también esa obsesiva responsabilidad por el trabajo!).

Realizó sus estudios en un seminario franciscano en la ciudad de Celaya y Querétaro. Siendo apenas un chiquillo dirigía ya la revista del colegio, donde escribía artículos y poemas; y en ausencia del director del coro, no dudaba en tomar la batuta y dirigir a sus compañeros. Allí aprendió latín, francés e inglés, así como a ejecutar un poco el piano y el acordeón. Dada su capacidad intelectual y académica, en el ámbito monástico se hacían planes para que, en el futuro, continuara su preparación en el Vaticano. Pero Carmelo ―como era conocido― tenía sus propios proyectos y antes del término del noviciado anunció a sus superiores su intención de no renovar sus votos y decir adiós a la vida eclesiástica. En represalia, fue “degradado” a realizar trabajos “indignos” hasta el término del año académico. Sin embargo, lo más terrible fue volver al mundo sin certificado de estudios de secundaria y preparatoria. Se inscribió como alumno en la única escuela secundaria del pueblo, pero impartía clases de inglés. Trabajó un tiempo como agente del ministerio público, pero no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida en una oficina como burócrata; se armó de valor y, en compañía de algunos amigos y del poco dinero ahorrado, se vino a la Ciudad de México a continuar su preparación. Sin cartas de recomendación, sin conocer a nadie, traspasó la seguridad del Banco Nacional de México y se metió hasta las oficinas de un alto ejecutivos quien, tras comprobar que el joven ante él no buscaba otra cosa que un empleo, llamó severamente la atención a su jefe de vigilancia y ofreció al desconocido un puesto como cajero. (Aún sonríe al recordar la anécdota.) Como si trabajar y estudiar no fuera suficiente, se dio espacio para comandar a un grupo de jóvenes aventureros (Estudiantes Jerecuarenses Unidos, EJU) para crear un periódico cultural que repartían anónimamente en su pueblo natal. Ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde obtuvo uno de los promedios más altos de su generación. Durante este tiempo y por muchos años, conformó con varios miembros de la familia Soto Carrillo un grupo (“El clan”) encargado de becar a los mejores estudiantes dentro de la familia para que siguieran sus estudios en la Capital. Al terminar la licenciatura se casó con Clemencia Hernández ―su novia de siempre―, y se especializó en Gastroenterología en el Centro Médico Nacional del IMSS. Le fue ofrecida una beca para seguir su especialización en Estados Unidos, pero el amor por sus dos hijas, entonces muy pequeñas, y sus “becarios”, lo hicieron rechazarla. Decidió regresar a Jerécuaro, Guanajuato y dedicarse a la práctica médica privada. Desde entonces han pasado aproximadamente 32 años…

Tío: échale ganas, tu esposa Clemencia; tus hijos Pat, Aidi, Gabriel, Citlali y Alejandra; tus nietos; tus hijos adoptivos (sobrinos) y hermanos, esperamos tu recuperación. Yo no puedo dejar pasar la oportunidad de agradecerte los dos poemas que me dedicaste, luego de más de cuarenta años de haber abandonado la poesía; te esperamos, aún hay muchas cosas por platicar,



Manolo.

jueves, 13 de enero de 2011

donde la noche abre la puerta, aguardas


Donde la noche abre la puerta, aguardas,
pasajero de un tren que ya no vuelve,
vigilante de sombras que a escondidas
entran a casa como a su propia morada

eres tú, quizás, el viento que se arroja firme
en ese jugueteo inquieto que acaricia la madera,
que muerde su árida osamenta de árbol
y hace tanto negó la redención al cielo

sólo serás tú, y todas tus sombras,
el destino que aguarda en la otra calle
el paso de un tren que ya no vuelve
y entre sueños para su rechinar de hierros


Imagen tomada de la red.

sábado, 1 de enero de 2011

libro Ángeles de barro (II)


PRESENTACIÓN

Toda práctica de la subjetividad nos convierte en islas, nos separa de ese inmenso continente, protegido por las murallas de la objetividad, que es la realidad de la muchedumbre. Y nadie más subjetivo que el poeta. Nadie más isla. Por eso el ejercicio de la poesía puede ser tan desolado. El poeta emite señales desde un peñón en medio del océano. Espera que alguien —un barco a la deriva, un ojo en tierra firme— las capte y responda. A veces esto es posible: alguien contesta. Pero sólo lo hace una vez o dos. Luego pide paciencia y guarda silencio. El poeta continúa emitiendo señales.

Ángeles de barro, la colección que José Manuel Ortiz Soto ha hecho de sus poemas escritos entre 1981 y 1991, ilustra esto perfectamente. En efecto, se trata de una poesía altamente subjetiva, en donde el autor registra para nosotros un mundo percibido a través del sentido de la pérdida; una poesía desolada, grave, en donde el cielo y la tierra —lo que debe vivir y lo que no pudo vivir— se enfrentan y se complementan en una angustiosa dialéctica sintetizada en la figura uránica y telúrica del ángel de barro.

Asistimos a la enunciación de una poesía literalmente visceral: llena de uñas, de sangre y carne y piel, de cadáveres y seres de la tierra, de vida orgánica, pero también de vida mineral, de la vida de la piedra y de la vida del cielo. Y de la Muerte, así, con mayúscula: la Muerte como ese vacío que todo lo devora, la muerte como pérdida. La muerte como presencia constante e ineluctable.

No es gratuito que abunden en este libro los animales: moscas, lombrices, lagartos, serpientes, sapos, murciélagos, perros callejeros, lobos: los seres que están más cerca de la sangre, de la descomposición, del agua y la tierra primordial, del retorno a lo inorgánico. Por eso hay ciénagas, putrefacción, entrañas.

Dios está también, un poco, como un padre cansado que no puede más que presenciar pasivamente el drama de sus hijos; un Dios un poco como el de César Vallejo.

Ciertamente, se trata de un mundo oscuro, orgánico, tisular, en el cual se asoma a veces el mundo urbano, mineral, con sus calles y sus espacios abiertos, vertiginosos, inertes: el espacio de la ausencia, el vacío que deja el amor.

Formalmente, llama la atención la unidad —dentro de su variedad— que presentan estos poemas reunidos durante diez años. Aunque ocasionalmente el poeta invoca la fuerza del verso alejandrino y el versículo, predominan los endecasílabos, ya en su forma de soneto clásico, ya combinándose con otros metros. El resto lo conforman versos libres, irregulares en su aliento pero muy parejos en su calidad. Son sencillos a la manera en que más difícil resulta ser sencillo; es decir, son precisos. Eso llama la atención en este libro: la celebrable puntería con que el poeta lanza sus palabras; cómo en su trayecto por el aire estas palabras se transforman, se cargan de un lenguaje violento atormentado, y nos llegan convertidas en imágenes palpables, en realidades sensibles: el cielo herido, sangre, tierra.

Del libro leído en conjunto, de su compromiso con una experiencia vital antepuesta a todo, aprendemos que la poesía puede ser un método para abrazar la vida, para poner el dedo en las llagas de la muerte. Y recuerdo a Proust: “La vraie vie, la vie enfin découverte, et éclaircie, la seule vie par conséquent réellement vécue, c'est la litterature”.


Agustín Cadena