jueves, 31 de marzo de 2011

apostasía


Son palabras las que vueltas aire nos arrastran a su cielo de corazones desnudos; aquellas que un día mansas anidaron en los ojos y en el pelo, en la voz de los silencios, en las aves taciturnas de la noche, donde vivir sólo era condición no eterna; palabras sin idioma, que lo mismo vagabundos, ángeles apóstatas, tiranos, niños cansados de crecer, animales de vanas esperanzas… entendían. Porque entonces ―como ahora― daba lo mismo dormir en un rincón de un viejo portal que debajo de un puente, adonde el río no se engaña. Por eso, mientras el ruido del agua al chocar contra las piedras se convierte en pesadilla, me convenzo de que el sueño es el ejercicio indispensable para asimilar la muerte.
Imagen tomada de la red.

domingo, 20 de marzo de 2011

xiv


xiv


breves
somos
a esta hora
cuando nadie
aguarda

cuando
el tiempo
es agua

hoja, polvo
lámina de luz
que brama
animal
entre los dedos

principio
de Dios

o camino
cenagoso

viernes, 11 de marzo de 2011

musa enferma


Que se ha enfermado la musa, me comentan;
que sus ojos, de profundas alegrías,
son dos rayas de horizontes confundidos.

Que se ha enfermado la musa
y le duele el tiempo como nunca,
el frágil elemento que hace de su vuelo un canto
con agudos arañazos la acaricia;
y le tiemblan gotas de silencios afligidos
en  la sonrisa;
sombras de palabras crecen marginales en su vientre;
alas de misterios imposibles le derraman llantos secos
de antiguas alegrías.

Y yo aguardo, triste poeta de su audiencia,
a que la musa se despierte
y vuelva sobre el mar sereno de la calma ansiada,
que me salte encima como el viento que vuelto hembra
toma del amor todo su mejor tiempo.
Que me exija las palabras que su nombre inventa
y haga de mi piel caro inventario.

Imagen tomada de la red.

miércoles, 2 de marzo de 2011

sin título

En recuerdo de tío Gerardo, a un mes.
Muerte,
muerte que cansada de morir
a ratos se hace vida
grito que quizás nadie responde
y hurga
y nada encuentra
que llama tantas veces como la terca voz
que en hilos ya no escurre
en el fatuo laberinto
de otras manos
y no hace más que renombrar
su parca desnudez de sombra

Muerte,
álgida oración que se desgaja
y vuelta polvo
amarga si la nombras