martes, 3 de mayo de 2011

Toni y Gaby


Hoy desperté con la noticia del fallecimiento de mi prima Toni y de su esposo Gaby. Es un golpe muy fuerte; un doble golpe. Toni era mi prima hermana, vivíamos cerca, y al ser de mi misma edad, compartimos muchos momento, juegos y peleas de niños. La imagen más lejana que tengo de ella es la de una niñita alzando a un gatote negro; tendríamos tres o cuatro años; a lo mejor fue una foto. Cuando terminó su carrera, fue mi dentista; era muy buena en su trabajo y sus pacientes la querían. Gaby y yo fuimos juntos a la escuela primaria Niños Héroes de México: estuvimos en el mismo grupo durante cuatro años; después de clases nos veíamos poco, porque ayudaba a su papá en la granja; alguna vez nos liábamos a golpes, pero al rato volvíamos a ser los mismos amigos de siempre; como veterinario lo consulté sobre cuestiones de mi perro.

Cuando Toni y Gaby comenzaron de novios fui cómplice de su relación; eran tiempos en el pueblo en que los papás no consentían tan fácilmente que sus hijos adolescentes “noviaran”. Pero como Gaby era trabajador y buen chico, mis tíos pronto lo aceptaron. Pasó el tiempo y nos volvimos adultos; ellos se casaron, tuvieron dos hijas, y nos veíamos ocasionalmente, pero siempre con el cariño y afecto de los viejos tiempos compartidos. La última vez que los vi fue en enero de este año, en el funeral de mi tío José. Con Toni platiqué poco, ya que estaba convaleciente; con Gaby charlé un poco más, pues nos permitió a Fabián y a mí guardar el coche en su casa. Nos invitó a quedarnos otro rato con su familia y mis primos García, que estaban ahí, pero el ánimo del momento no era tan bueno y nos retiramos. Al día siguiente mi tía Rosa Elba convertida en agente de ventas, me pidió que les dedicara mi libro Ángeles de barro. Así lo hice. Antes de volver a la Ciudad de México me despedí de Gaby como siempre: con un abrazo y con la promesa de vernos pronto. Pero ya no fue posible: me acaban de avisar que en la madrugada tuvieron un accidente automovilístico y fallecieron; habían salido a visitar  a un animal enfermo y los chocaron. Así de extraño es el destino. Va un abrazo de apoyo para mis sobrinas y mis mejores recuerdos para mis primos Toni y Gaby, buenos profesionistas, buenos hijos y mejores padres; para sus familias, resignación.

5 comentarios:

Jorge Oropeza dijo...

Nada tan extraño e incomprensible como el paso de la muerte asi tan repentina, asi tan contundente. Lindo homenaje el tuyo (que apenas ayuda en algo, lo sé). Un abrazo.

Rosio dijo...

Mi amiga Manuel...mi compañero y vecino...no aguanto el dolor...me acaban de hablar...la vi apenas el domingo pasado...no no se ni que...

Patricia Nasello dijo...

La muerte de los que amamos jamás está en nuestra conciencia, ni siquiera cuando están enfermos.
Un beso grandísimo, José Manuel.

Monserrat dijo...

Gracias Manuel por compartirnos algo tan tuyo y tan doloroso...y uno se pregunta ¿por qué la muerte se lleva a personas buenas? Quizá por eso, porque tenía predestinado para ellas un mundo mejor. Roberto y yo te mandamos un abrazo enorme.
Monse

josé manuel ortiz soto dijo...

Amigos, gracias por sus palabras. El mejor homenaje que se le puede hacer a una persona es recordarla.
Reciban un cálido abrazo.