En estos los espacios conmutables,
¿quién aguarda?
Damos otra vuelta
a la manzana del alma
y llamamos
al portón de los silencios.
Nadie.
Sólo ausencias desatadas.
Inútiles palabras.
Líquido misterio
que desciende
en ríos
de aguas parcas.
Aguaceros
rencorosos
que reclaman
y devastan.
Nada impresa
en la cuenta infame
de un reloj de arenas
movedizas.
Débil mano.
Ojos sordos.
Risa absorta.
Vacío inconmutable
donde el último asalto a la razón
está pendiente.
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