Un canto para ti, que mudo de razones,
apenas las palabras nos alcancen,
y cortas de los brazos sean sus dedos
ventosas de silencios y gritos ajustados;
potestad de acero donde el agua amansa
uno a uno, entre lazos de ausencia, los temores.
Un canto para ti, que mudo de razones,
no aguardes si asomas a la calle y pegas
como un loco la carrera, como un ave
que reniega de la jaula y las pasiones
mas dobla el corazón de mil maneras
mientras sea por los pliegues correctos.
lunes, 8 de febrero de 2010
miércoles, 3 de febrero de 2010
sin título cuatro
híbrido de ti
de tu voz
y de tu sexo
híbrido del mar
angosto
de tus manos
fantástico animal
que habita
tu silencio
híbrido de ti
de tus sueños
y hologramas
de tus besos
y tus flores
de obsidiana
híbrido de ti
de tanto amor
terrible inquieto
de tu voz
y de tu sexo
híbrido del mar
angosto
de tus manos
fantástico animal
que habita
tu silencio
híbrido de ti
de tus sueños
y hologramas
de tus besos
y tus flores
de obsidiana
híbrido de ti
de tanto amor
terrible inquieto
jueves, 28 de enero de 2010
ángeles de barro (II)
Primera voz:
—Yo lo vi primero: creía vivir, vivía el pasado,
dejaba transcurrir hosco el presente
sin mirar si un bosquejo de esta vida
brindaba cobijo al disidente;
si el dolor de funestos contratiempos
en el pecho llevaba acurrucado.
Mas blanca y transparente era la duda,
el creer consciente de su mente loca.
¡Demente, perversa… y compasiva!
Segunda voz:
—Yo lo vi primero: mi voz alimentó su sueño,
fui canto de sirenas desdichadas,
convulso despertar que un día
con silencios su mundo consternó
-¡ese mundo de oquedad que él era!-;
fue mi voz quien consignó el abismo
quien con vaho de lobos solitarios
su mente obnubilada guió segura,
no obstante su creer que no había nada.
Tercera voz:
—Yo lo vi primero: deseaba comprender
-no sé si vano impulso fuera-:
al ver su cuerpo despojado y solo
revuelto entre las sombras y el insomnio.
En pálida demencia asió la noche
posada a su lado displicente
cual bruma que la piel refuta,
no obstante esa firmeza compulsiva
de creer que al frente aún no había nada.
—Yo lo vi primero: creía vivir, vivía el pasado,
dejaba transcurrir hosco el presente
sin mirar si un bosquejo de esta vida
brindaba cobijo al disidente;
si el dolor de funestos contratiempos
en el pecho llevaba acurrucado.
Mas blanca y transparente era la duda,
el creer consciente de su mente loca.
¡Demente, perversa… y compasiva!
Segunda voz:
—Yo lo vi primero: mi voz alimentó su sueño,
fui canto de sirenas desdichadas,
convulso despertar que un día
con silencios su mundo consternó
-¡ese mundo de oquedad que él era!-;
fue mi voz quien consignó el abismo
quien con vaho de lobos solitarios
su mente obnubilada guió segura,
no obstante su creer que no había nada.
Tercera voz:
—Yo lo vi primero: deseaba comprender
-no sé si vano impulso fuera-:
al ver su cuerpo despojado y solo
revuelto entre las sombras y el insomnio.
En pálida demencia asió la noche
posada a su lado displicente
cual bruma que la piel refuta,
no obstante esa firmeza compulsiva
de creer que al frente aún no había nada.
sábado, 23 de enero de 2010
ángeles de barro (I)
para maría ángeles sánchez padilla
¿Quién, si yo gritara, me oiría entre las jerarquías
de los ángeles? Y aun suponiendo que, de pronto,
uno de ellos me apretara contra su corazón, yo sucumbiría
ante la existencia más fuerte. Pues apenas la belleza no es sino
el comienzo de lo terrible; apenas la soportamos
y si la admiramos es porque desdeñosamente no se preocupa
por destruirnos. Todo ángel es terrible.
Rainer María Rilke, Elegía Primera.
Tuyos eran los ángeles de barro
que en mi calma nocturna había logrado
hacer a tu imagen, ¡fantasma soñadora!
Y elevéme cual un triste fantasma
con mirada y alas de silencio
en tu espacio de musa protectora.
Porque fui de barro y tú mis alas.
josé manuel ortiz soto, pálidas sombras.
Una vez -sólo una-
cuando una extraña voz tocó mi sueño
e hizo que mi cuerpo estremeciese,
abrí los ojos y miré el abismo:
terrible oscuridad caló mi vista.
terrible oscuridad caló mi vista.
Mi vista se encontró palpando el sueño,
el sueño al contemplar la Nada,
la nada de que el mundo estaba hecho,
mas ante mí ya no había nada.
Una honda desazón cimbró mi pecho,
la calma se perdió en la noche
-porque noche ahí era todo-.
“¡Todo era la noche y nada más”,
clama hoy mi mente.
El humo de cigarros saturó el ambiente
y en viva pesadilla me incliné al abismo
ante todo lo que el tiempo había negado,
mas ante mí ya no había nada.
No pude más que comprender mi engaño:
pues la Muerte de quien yo me había ocultado
a mi lado se hallaba ahorita mismo.
¡Oh, la Muerte! ¡Yo mismo en mí la Muerte!
¡Ser yo mismo allí la Muerte!...
Consciente que poco era mi tiempo,
que el siniestro final cerquita estaba,
arranqué mi alma y la arrojé al abismo:
a ese abismo que ante mí ya no había nada.
Fui cayendo sin saber a dónde,
a dónde el presente me arrastraba
dejando muy lejos el pasado;
pasado, añoranzas ... no alcanzaban
mis gritos terribles ni los rezos
pues desnudas mis súplicas quedaban
llenando de estelas y fragmentos crudos
mi sexo, mi cuerpo, todo espacio
de rara incongruencia ante mis ojos.
domingo, 10 de enero de 2010
llamaré a la tierra con mi voz de sombra
Llamaré a la tierra con mi voz de sombra
para que sea a la distancia el crucigrama
a donde crucen los caminos, las veredas
las calles que aún sin nombre asoman
por la tímida rendija de la noche abierta
llamaré, y seré yo con mi voz casi desnuda
ángel que agotado de la sangre hoy clama
el seno vegetal que en estampida
de polvo y de silencios, de horas acotadas
sobre el vértice del día, encallan
¿a quién dirás entonces con tu nombre
que en el límite de la demencia el tiempo
es de todas las sombras conjuradas
la única oración que a nadie estorba?
para que sea a la distancia el crucigrama
a donde crucen los caminos, las veredas
las calles que aún sin nombre asoman
por la tímida rendija de la noche abierta
llamaré, y seré yo con mi voz casi desnuda
ángel que agotado de la sangre hoy clama
el seno vegetal que en estampida
de polvo y de silencios, de horas acotadas
sobre el vértice del día, encallan
¿a quién dirás entonces con tu nombre
que en el límite de la demencia el tiempo
es de todas las sombras conjuradas
la única oración que a nadie estorba?
viernes, 8 de enero de 2010
espejo
a mi hermana berenice:
el tiempo no pasa,
se acumula;
todos vamos cambiando
a sus espaldas
tiemblas
miras tu cuerpo desnudo
reflejado en el espejo
y el viento que corre
por las calles
salpica tus entrañas
y de su agua verde emerges
con la piel templada
extraña y solitaria
tiemblas
miras tu cuerpo desnudo
luna nueva en el espejo
marzo 1984
domingo, 3 de enero de 2010
una puta oreja para vincent
Una puta oreja para vincent
tal vez no sea un descaro
una puta oreja de piedra
cual óleo enfebrecido
para ahondar en la locura
y curarlo de la calma
que no siente
una puta oreja de muerto
anónimo trasplante
que viva del sarcasmo
y crezca en la desidia
que beba sin la sed
del joven desmadrado
en la parranda
de una noche que fue eterna
sólo una puta oreja
que tyson ya no muerda
que libre del trapo
que estrangula su cabeza
lleve en paz
la cruz de una sonrisa
tal vez no sea un descaro
una puta oreja de piedra
cual óleo enfebrecido
para ahondar en la locura
y curarlo de la calma
que no siente
una puta oreja de muerto
anónimo trasplante
que viva del sarcasmo
y crezca en la desidia
que beba sin la sed
del joven desmadrado
en la parranda
de una noche que fue eterna
sólo una puta oreja
que tyson ya no muerda
que libre del trapo
que estrangula su cabeza
lleve en paz
la cruz de una sonrisa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)